Armónico Rural 2016


Armónico Rural. Conciertos de Cámara en la Parroquia de l’Abadía de Cenero

Del 24 al 27 de septiembre de 2016.
Parroquia L’Abadía Cenero 

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Armónico rural
Geopuntura musical en los paisajes cotidianos de la Abadía de Cenero

Virginia López
(texto para la publicación que realiza anualmente la Asociación de Vecinos con ocasión de las Fiestas del Cristo de Cenero. Fiestas patronales de la parroquia.)

El pasado mes de septiembre se desarrolló en la parroquia el primer ciclo de Armónico Rural, cuatro días en los que la música clásica, de la mano de la Orquesta Filarmónica de Asturias, resonó en nuestros paisajes cotidianos: pomaradas, fuentes y lavaderos, paneras, iglesias y capillas. Revitalización poética y musical de lugares significativos de nuestro patrimonio histórico y cultural (paisajístico, arquitectónico y etno-antropológico).
Los conciertos tuvieron lugar en el museo Villa Romana de Veranes, a la sombra de la Torre de los Valdés (s.XIV) también conocida como el “Turruxón” de Trubia (en concreto, bajo la panera de Tino el Turruxón), entre la Capilla de Nuestra Señora de la Virgen de la O (s.XVIII) y la Torre de los Álvarez de las Asturias, Condes de Noreña (remodelada en el siglo XVII) , en la fuente, lavadero y abrevadero de Fonfría, en la pomarada de Casa Antonino (nuestra PACA) y en la iglesia de la Abadía de San Juan Bautista de Cenero (construida en 1260). Fueron conciertos breves, que se alternaron con paseos, explicaciones, encuentros. Las sillas se desplegaban bajo la panera, en mitad de un prau, por el Camín de Fonfría, en el pórtico de la iglesia. Los violines alternaron sus cuerdas con las gallinas de Tino que aprendieron el compás y supieron armonizar, mientras Tino nos ofrecía sidra recién salida del llagar. Escuchamos recitales con los pies en la hierba mientras el sol calaba por detrás de la colina del Cuetu, y la fuente repiqueteaba feliz de volver a ver tanta gente reunida en torno a su caño.

Este tipo de iniciativas , que responden a muchos de los proyectos e ideas desarrolladas en PACA, son actos de cura, de sensibilización y valorización de nuestros paisajes, en los que a través del arte, en cualquiera de sus manifestaciones, establecemos un nuevo contacto y una nueva mirada hacia los lugares cotidianos, vividos, imaginados, recordados, también olvidados. Cada uno de estos actos, se convierten en “geopunturas”: gestos poéticos que inciden, reviven y armonizan puntos localizados de nuestro entorno, restableciendo ese equilibrio a veces perdido entre el ser humano y su paisaje. No sólo fue la música la herramienta utilizada, sino el hecho de que ésta se produjese en contacto fluido y dinámico con nuestros lugares queridos, mientras caminábamos, dentro de un momento de socialización, de comunidad, de forma distendida, a pie de casa.
A la base de la obra de arte está el entusiasmo de quien la hace, estimulado por el entusiasmo de quien la disfruta.
Ahora tenemos que resolver esto: devolver la obra de arte a su finalidad original: la persona (…). Tenemos que trabajar sobre el tiempo, el espíritu, la memoria, la familiaridad, el sentimiento, sobre la toma de posiciones ideal y física”.
Palabras del artista italiano Luciano Fabro  que resuenan todavía hoy como urgencia y necesidad.

Somos de los lugares a los que llegamos, somos de las huellas de quienes nos han precedido, somos los paisajes que hemos vivido o imaginado.
A modo de presentación: Llegamos a Trubia un día de lluvia del mes de agosto del 2013. El verano asturiano nos hacía los honores. Entramos en el pueblo lentamente, siguiendo las vacas de Laureano que salían de la cuadra. Giovanni y yo habíamos decidido fijar nuestra residencia y lugar de trabajo en Casa Antonino después de más de 15 años en Florencia (Italia). Mi madre vivió en Veranes (casa la Burbuja), durante los años difíciles de la posguerra. Este es mi lazo de unión con este lugar, a través de mi madre, a quien muchos conocéis.

La elección de Casa Antonino también se debió a la fragilidad y complejidad del paisaje en el que se encuentra: una zona donde perviven aún pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas de gestión familiar, pocas y en peligro de extinción (muchas de ellas quizás no sobrevivan al cambio de generación), junto a zonas industriales que poco a poco van robando terreno al campo. En esta zona occidental de Gijón es donde se han ido asentando ya desde finales del s. XIX las principales infraestructuras e industrias de la ciudad (autopistas, embalses hidroeléctricos, áreas logísticas polígonos industriales y enlaces con el puerto marítimo, industria del acero…) dando como resultado una ordenación caótica del territorio en pos de una idea obsoleta y perjudicial de progreso que contempla únicamente el desarrollo industrial.
Muchas caserías como casa Antonino, están cerradas o lo harán próximamente, sin alternativas y sin haberse podido adaptar al nuevo contexto económico. Los hijos se han ido a la ciudad y no quieren volver. Tampoco parece que la administración haya sabido incentivar nuevas formas de diversificación de la economía local y en esto España creo que es bastante miope. Falta una visión holística del paisaje, una sensibilización estética que vaya más allá de los clichés impuestos por el turismo de masa, falta un imaginario colectivo de habitabilidad sostenible. Así es como estando a 10 km del centro de Gijón, se percibe como un lugar distante, porque el campo, en el imaginario del urbanita, está siempre distante, está siempre en las antípodas. Y para frecuentarlo, debe cumplir los requisitos de un ideal de belleza, la belleza de lo rústico, de lo natural. Pero nadie se preocupa en realidad de ver cómo evolucionan estas zonas rurales en la periferia de la ciudad, son sólo objeto de planes de ordenación urbanística para posibles y futuras ocupaciones de suelo (si puede ser un vertedero, mejor). Así tenemos gallinas, corrales, vacas que pastan, pomaradas con buenas manzanas y hermosos huertos, un patrimonio arqueológico y etnográfico único en Gijón, pero también malos olores, plásticos, corraletas en uralita, muros de piedra que caen, hartos que invaden caminos y campos abandonados y sin ganado, chalets y nuevos edificios variopintos …
Foto: Armónico Rural. Encuentros y recuerdos. Pepe Chintu, Tino el Turruxón y Pepe Fombona camino de la capilla de la O.

Los modos de vida urbanos que se han extendido por esta zona un tiempo netamente rural han importado también individualismo, aislamiento y soledad. Cada vez se ven menos vecinos por los caminos. Casi todos usamos coche y pocos trabajan ya en el campo. La casa se cierra. El huerto se convierte en jardín. Los más ancianos recuerdan con nostalgia los tiempos en que todos se ayudaban, los momentos de encuentro con ocasión de las tareas agrícolas. Y es que la pérdida de la dimensión económica de la casería genera al mismo tiempo una pérdida de su dimensión social: la casería formaba parte de un grupo social con intereses comunes y espacios de socialización ligados a la actividad económica: la sestaferia , la andecha, el samartín, les esfueyes… actividades que se convertían en comidas, fiestas, inicios de noviazgos…Hoy este patrimonio se está perdiendo. El tiempo de ocio se ha comercializado y desplazado a la ciudad, faltan lugares comunes en los que estrechar lazos de vecindario y amistad.
Por eso casa Antonino, además de residencia familiar quiere mantener viva esta dimensión de apertura y contacto que en realidad es propia de la casería, pero a través de la práctica artística.

Quizás la reivindicación y valorización de su importante patrimonio cultural sea una de las pocas posibilidades que le quedan. Y cuando digo patrimonio cultural, entiendo no sólo el patrimonio arqueológico, sino también el paisaje agrícola tradicional al que estos yacimientos y monumentos están ligados, la memoria, los momentos de socialización, las fiestas, las relaciones y las percepciones, es decir el patrimonio cultural vivo y en constante transformación.
Lo que media entre el amor y el conocimiento es la Belleza.
Probablemente desde el arte no se pueda cambiar nada en términos de inmediatez tangible, pero desde luego la propia práctica artística nos modifica mientras la realizamos. Como una azada va surcando caminos posibles, crea conexiones y puede generar espacios de reflexión alternativos y colectivos.
Armónico Rural han sido cuatro días de Belleza, que seguirán repitiéndose y multiplicándose gracias al amor que sentimos todos nosotros por nuestra parroquia, al deseo de responsabilidad compartida y sentir que formamos parte de una comunidad en un lugar en el mundo.
Virginia López
Casa Antonino, Trubia. Marzo 2017


[Armónico Rural, ha sido organizado por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, FMCE y UP (Taller de Músicos y Museos Arqueológicos de Gijón/Xixón), con la colaboración de la Orquesta Filarmónica de Asturias, nuestro vecino Tino “el Turruxón”, la Asociación de Vecinos “Los 16” de Cenero, La Parroquia de la Abadía de San Juan Bautista de Cenero y PACA_Proyectos Artísticos Casa Antonino]
Intervenciones musicales
A cargo de instrumentistas de la Orquesta Filarmónica de Asturias (OFA).